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Periplo por el espacio de lo privado a lo público – Galería ARTSPACE

“El libre albedrío es la comprensión consiente de la propia vida. Es libre quien se considera vivo. Y considerarse vivo quiere decir comprender la ley de la vida, es decir, aspirar a cumplir la ley de la vida propia”

Leon Tolstoi

El clamor de una tertulia nos daba la bienvenida a la galería, las cataratas sonoras de música y gritos despertaban una curiosidad agitada en torno a lo que presenciaríamos en ese particular espacio del arte.

Un recibimiento curioso pues los sentidos presenciarían con antelación un poco de aquel mensaje expositivo del cual ya éramos parte. Una reverberación que vinculaba a los visitantes de la galería Artspace con el proyecto realizado en colaboración por el Museo de arte Contemporáneo (MUAC) y el ICDAC o Intervenciones Críticas desde el Arte Contemporáneo, 
un grupo de investigación sobre educación artística que se formó en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM.

“Instrucciones para convivir”, Instalación, Fernanda Maro

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“Lo privado” fue el concepto medular de la exposición y que por definición, es algo que se ejecuta a vista de pocos, dentro de lo familiar y lo doméstico, sin formalidades ni ceremonia alguna.

A partir de tener esta noción curatorial en mente, abordamos el primer espacio expositivo, una sala cualquiera, una sala que busca representar a cada una de las estancias propias de nuestro hogar. En dicha habitación presenciamos un sillón de sala frente a un televisor en el que se aprecia una toma fija de una familia sentada en el sofá de su casa viendo de frente la cámara, como si nosotros fuéramos el contenido del televisor; un discurso social que confronta nuestros espacio privados y al hacer de la intimidad algo público. 

Tanto consientes como ofendidos de aquella primera pieza, la sala de la galería había sido profanada por distintos otras piezas para manipular nuestra percepción. Entonces, decidimos alejarnos de ahí lo más pronto posible para seguir confrontando nuestras propias concepciones de la intimidad en tanto carácter público, momento en  donde nos encontramos con un sueño desechado al apreciar en distintos puntos de la galería tacones olvidados de distintos colores.

“Sin título porque la vida es muy difícil y ni siquiera sabemos quienes somos”,  Clara Malpica Y Valentina Monsalve.

La transición del espacio privado a lo público es llevada a cabo por la maravillosa pieza colaborativa de Clara Malpica y Valentina Monsalve: “Sin título porque la vida es muy difícil y ni siquiera sabemos quienes somos”, título que rememora una sensación de curiosidad e incertidumbre. La pieza consta de un pequeño túnel blanco con un gran collage conformado por diversas frases sarcásticas, comentarios irónicos y pequeños dibujos que recuerdan la creación e intento de aprehender una zona de confort. El espectáculo es cuasi humorístico porque nos reflejan en común nuestros pensamientos más random, situaciones, ideas y miedos de carácter “personal” y que reconfortaron nuestro más sentido como milenials; esta libre antesala  sirve para vislumbrar mensajes poco optimistas de lo que sería contemplado en la siguiente sala.

“¿Qué tanto de mí, soy yo?” o “¿Qué tan yo quiero ser yo?”.

Llegamos a la última sala, la cual nos reciben obras multimedia con cuatro distintas pantallas en las cuales se transmiten diversos videos así como dos espejos que cuentan con la leyenda “soy especial”. La primera visión se ve sobrepasada por los discursos presentados por una imponente caja televisiva que cita “no hay otra libertad que la vigilada” situación que hemos normalizado, un panorama en el cual es imposible no estar expuesto al escrutinio público y en el cuál nuestros deseos o temores son utilizados para modificar nuestras conductas, un mundo en el cuál tanto nuestras inseguridades como virtudes son hechas estadísticas, capitalizadas por el Big Data que impera nuestro presente.

Saliendo de aquel sacro lugar llamado hogar, buscamos expulsados de aquel espacio. Buscamos entre muros y edificios aquella sensación de protección con la que contábamos en nuestro espacio privado mas esta sensación de seguridad y de acogimiento tiene un costo, el de segregar aquello que es propio y contemplar que una vez que se está en la masa social como un ente más, uno debe de ajustarse al escrutinio y moldearse de nuevo, a una figura privada o pública o de lo contrario, este no pertenecerá.


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